
El tono lo es todo
Para mí el relato exitoso es el que no da crédito ante lo que ocurre, se sorprende a sí mismo y opta por pararse o quizá por seguir, pero siempre tratando de explicar lo que acaba de ser revelado. Y entiendo que todo esto ha de hacerse a través del tono, término que casi me atrevería a considerar sinónimo de relato.
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El narrador es quien lleva los pantalones
[Percibo] el relato como experiencia de flaneo a la manera de [Walter] Benjamin: es a medida que voy construyéndolo cuando consiento que el narrador, cuidadosamente elegido por mí, me conduzca adonde él o ella tengan a bien.
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Una paradoja demográfica
No debería haber frases saltables en un relato, ni espacios desaprovechados: el relato no es un país con grandes extensiones poco pobladas, es más bien un recinto tokiota donde se hacinan las palabras e ideas, pero a la vez hay que permitirle que actúe como un flâneur, que recale quizá en lo obvio para muchos, que elija mil palabras frente a la tan ponderada imagen.
El arquero inmóvil (nuevas poéticas sobre el cuento), VV.AA.
Edición de Eduardo Becerra.
Páginas de Espuma, Madrid 2006.
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