2 de octubre de 2008

Juan Casamayor

Hoy he recibido el pdf de la entrevista que hice con Juan Casamayor, el editor de Páginas de Espuma, para Vulture. Así que la revista ya debe de estar repartiéndose por Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, que son las 5 ciudades donde se distribuye. (Es gratuita, no sufráis, que no os tenéis que gastar un solo euro). Imagino que se podrá encontrar donde otras similares (mu, calle20, etcétera), esto es, en los cafés, las librerías y demás. Ya os contaré mejor cuando lo sepa.

Mi sección se llama Pequeñas independencias, y por ella desfilarán mensualmente editores cuyas señas de identidad sean publicar autores noveles, libros a contracorriente o géneros considerados poco comerciales. Por eso, y sólo para abrir boca, un caballero dedicado al noble arte de ¡publicar cuentos! Un valiente, vamos (él y su chica, porque entre los dos fundaron Páginas de Espuma).

El formato en papel es breve, lo sé; pero si el tiempo me lo permite habrá versiones ampliadas en Teína. Ah, el entrevistado de noviembre será Constantino Bértolo, el editor de Caballo de Troya, hombre cabal en sus ideas y arriesgado en sus pretensiones donde los haya.

Versión en pdf: clic aquí.
La revista, en formato virtual: clic aquí.

JUAN CASAMAYOR, EDITOR DE PÁGINAS DE ESPUMA

«Si comienzo a fallarle a mi lector, él me fallará a mí»

En 1999 Juan Casamayor y Encarna Molina cometieron una (aparente) locura económica: crear una editorial especializada en el cuento. Hoy, Páginas de Espuma, además de ser una empresa rentable, es una referencia ineludible para quienes adoran este género.

Rubén A. Arribas


—¿Venden los cuentos?

Juan Casamayor se levanta de la silla, va hasta la estantería y regresa con dos libros. Uno es Ajuar funerario, del peruano Fernando Iwasaki, y otro es Caligrafías, del venezolano José Balza.

—De este he vendido 50 mil —dice el editor de Páginas de Espuma levantando el de Iwasaki—. Del de Balza, un escritor maravilloso, 500. ¿Vende o no vende el cuento? No creo que esa sea la cuestión.

Y es que, según Casamayor, «ahínco comercial» y «vocación de formar un catálogo» deben aunarse para que una editorial independiente crezca. De ahí que en estos apenas diez años de vida, además de apostar por cuentistas como Pablo Andrés Escapa, Andrés Neuman o Clara Obligado, también lo haya hecho por profesionalizar la estructura de ventas. Así es como ha conseguido que el gobierno mexicano, por ejemplo, le compre 40 mil ejemplares de los microcuentos de terror de Iwasaki. Es decir: independencia editorial, sí; pero sin olvidar la viabilidad económica.

Con un catálogo de unos 120 títulos y una tirada entre 1.500 y 3.000 ejemplares, Páginas de Espuma vende en promedio unas 1.250 copias de cada libro. He ahí un dato incuestionable que desmitifica el famoso «el cuento no vende» con que tantos editores han declinado publicar cualquier historia que no viniera novelada.

—Sé que no me haré rico —dice—; pero la editorial da para que Encarni, mi hijo y yo vivamos, y también para pagarle el sueldo a cuatro personas que trabajan aquí.

Aquí es una casa de unos 200 m2 situada en Malasaña y que Casamayor y su pareja dividieron en dos: una parte para vivir en familia y otra, para llenarla de libros hasta el techo y fundar entre ambos este proyecto. Si bien el momento era complicado porque 1999 era cuando «los grandes grupos se convirtieron en apisonadoras y apuntaba ya el fenómeno de las grandes superficies como puntos de venta», gracias a los ahorros personales y a la ayuda familiar, publicaron los primeros títulos.

Vocación editorial, una buena dosis de locura y el camino abierto por sus admirados Jorge Herralde o Beatriz de Moura marcaron desde entonces el Norte. También la fidelidad a un criterio para crear un catálogo: la calidad.

—Si a ese lector constante que tiene Páginas de Espuma, comienzo a fallarle, él empezará a fallarme a mí. Yo no puedo montar una noria como las que montan los grandes grupos; tengo que atraer a los lectores y a los escritores con mi trabajo.

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