4 de junio de 2009

Autores y derechos ante el libro digital

Ayer me acerqué hasta la Feria del Libro de Madrid para escuchar a Joaquín Rodríguez en la mesa redonda Los autores y sus derechos ante el libro digital. En estos días había estado leyendo Edición 2.0: Sócrates en el hiperespacio (Melusina, 2008) y me ha encantado: rezuma inteligencia, buen hacer y claridad en sus más que convincentes argumentaciones. Además, también había escuchado el mp3 de su intervención en la Feria del Libro de Sevilla, donde trazó una genealogía sobre el hipertexto —más o menos insinuada ya en su libro— apelando a Michel Foucault, Roland Barthes, George Perec, Raymond Queaneu y Alain Robbe-Grillet, que me pareció excelente. Por tanto, me fui al Retiro a ver si lo terminaba de convertir en mi gurú en asuntos de literatura digital.

Y no me defraudó: suyas fueron las más enriqucedoras y afiladas intervenciones de una mesa que compartía con Care Santos —escritora y coordinadora del blog La tormenta en un vaso—, Victoriano Colondrón —Director Técnico de Cedro—, Javier Martín —quien acudió en representación de la agente Carmen Balcells— y que estuvo moderada por Peio Riaño, el jefe de Cultura del diario Público. Por ahora, me centro en las reflexiones de Joaquín Rodríguez y más adelante, si el tiempo no es tirano, intenteré rescatar algún dato de las intervenciones de los demás.


MÁS PEDAGOGÍA Y MENOS GUERRA

Para mí, la conclusión más notoria y cristalina de la tarde fue esta: es «necesaria una pedagogía de la propiedad intelectual». Puede que en el terreno del papel los autores y editores conozcan bastante bien el asunto; pero en el plano digital ambos andan más perdidos que un pulpo en un garaje: ni unos ni otros saben a qué atenerse. Las nuevas tecnologías han traído aparejados tantos cambios con implicaciones jurídicas o económicas que nadie sabe muy bien por dónde tirar. Vivimos una gran revolución técnica y cultural, de ahí que primen la desconfianza y el desconocimiento, de ahí que la incertidumbre domine el horizonte.

Así que lo primero es lo primero: formarse e informarse. Según Rodríguez, hay que comenzar por explicarle a la gente que «el copyleft es copyright». Eso quiere decir que la ley ya contempla que el autor pueda renunciar libremente, si así lo estima oportuno, a la explotación de su derecho a la propiedad intelectual. Pero que a su vez contempla que quiera hacer exactamente lo contrario: cobrar hasta el último céntimo al que tenga derecho. Ambas posturas están amparadas por la ley; sólo hay que leer con calma lo que esta dice.

Otra cosa es que el autor no tenga ni idea de qué posibilidades le ofrecen, por ejemplo, las licencias Creative Commons y que no sepa cómo decidir en qué condiciones quiere divulgar y explotar los derechos digitales de su obra. En ese punto, según este doctor en Sociología y experto en Pierre Bourdieu, es donde habría que poner el acento: instruir al autor. De paso, así desmontaríamos discursos maniqueos que o, bien abogan por la libre circulación de los contenidos, o bien se enrocan en pedir leyes más restrictivas movidos tan sólo por un afán recaudatorio.

Lo importante, matizó una y otra vez, es no confundir «cultura libre con apropiación indebida». Ante todo lo que debe imperar es el respeto por el trabajo de los demás y por las decisiones que, como autores, tomen sobre los derechos que les otorga la ley. (Hoy algunos toman contenidos de internet y, pese a ser de libre difusión, ni siquiera tienen la cortesía de citar la fuente). Y, por si algún extremista de ambos bandos quería profundizar en la materia, recomendó leer Por una cultura libre, de Lawrence Lessig, quizá la voz más autorizada del momento en la materia (y cuyos libros vende Traficante de sueños, una librería tan poco sospechosa como Rodríguez de enarbolar tesis neoliberales).


INTERNET Y EL CÍRCULO VIRTUOSO

Por tanto, ni obligación de divulgar en abierto ni en cerrado: no existe obligación ni de lo uno ni de lo otro en el campo digital. Para algunos hacerlo en abierto —sea a través de un blog, un libro digital gratuito o un libro en impresión bajo demanda a precio de coste— es una solución para rescatar libros descatalogados y que no encuentran quién los reedite. Pero también es una opción para autores desconocidos —sean científicos, académicos o escritores literarios— que, ante la sobreproducción actual, buscan hacerse visibles compartiendo sus trabajos sin pedir dinero a cambio, pero acumulando capital simbólico (prestigio, reconocimiento, ser citado, etcétera). Por el contrario, otros creadores preferirán capital monetario e intentarán lucrar con las oportunidades de negocio que les ofrece internet, y también están en su derecho. Que cada cual decida qué le conviene

Sin ir más lejos, Rodríguez ha publicado el contenido casi íntegro de su (estupendo) blog, Los futuros del libro, en forma de trilogía libresca con la editorial Melusina. Como explicó ayer, su acuerdo con el editor consiste en que este explota los derechos de la obra en papel y él divulga gratuitamente a través de su blog el contenido íntegro de los libros. Su argumento es sencillo e inteligente: dada la hipersaturación editorial, los elevados índices de rotación en las librerías o que muchos lectores no lo conocen, a él le interesa que su pensamiento circule libremente por internet. El beneficio indirecto de esta estrategia es que así le resulta más sencillo compartir sus investigaciones con sus pares académicos y obtener el reconocimiento de estos. También, por qué no, ironizó, que lo inviten a dar conferencias y poder vender así algún libro más. Como dirían los expertos en mercadotecnia, de lo que se trata es de establecer un círculo virtuoso.


OTRAS CONCLUSIONES

Bueno, veo que mis notas —en papel, pese a lo tecnológico de lo charlado— son abundantes... Como aún tengo que comer y no quiero que esta entrada se convierta en más mamotreto de lo que ya es, el resto de las conclusiones vinculadas a Joaquín Rodríguez en sus diferentes intervenciones las redacto de manera sintética:
  • El sector editorial está en crisis —la oferta es abrumadora y la demanda, escasa— y estamos inmersos en una revolución tecnológica y cultural gracias a internet; pero la cadena del libro —autor, editor, distribuidor, librero y lector— seguirá vigente en el mundo digital. Eso sí, esta revolución eliminará muchas de las ineficiencias del sector editorial.
  • Hay vida más allá de Google, y deberíamos hacer algo para evitar que esta empresa se convierta en el único intermediario cultural de la red, salvo que queramos correr el riesgo de tomar por real un orden ficticio. Por ejemplo, las indexaciones de Google son parciales, sobre todo en China o en algunos países de América Latina.
  • El desafío actual es lograr un DRM universal, esto es, un dispositivo inviolable capaz de controlar cuántas descargas se producen de un libro electrónico. Del mismo modo que se extiende el certificado de tirada para los libros de papel y se controla cuántos ejemplares vende un autor de cada obra, en el mercado digital debe existir un mecanismo análogo e igual de transparente que permita calcular cuánto debe recibir este en concepto de derechos de autor.
Y, por ahora, hasta aquí. Con viento a favor y algo de tiempo libre, a ver si tecleo más sobre las notas que me he tomado. Como se ve, definitivamente tengo ya a Joaquín Rodríguez por brújula en asuntos digitales. Un placer leerlo y escucharlo.

**

PD: hoy, jueves 4 de junio, tercera mesa de las jornadas Del sinodal al digital. La mesa redonda se llama El sector de libro y su posicionamiento ante el 'e-book'. (Ni siquiera han podido escribir libro electrónico... Menos mal que estamos en la Feria del Libro. Menos mal).

4 comentarios:

  1. La verdad ? interesantísimo y pedagógico lo que escribes y esto de que hay vida más allá de google , agregaría otra cultura existe más allá de google .
    Espero tus nuevas noticias , un saludo

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Verónica. Pues sí, lo de Google sólo es el principio... Como dijeron en otra mesa, nosotros, la 'generación de los libros en tapa dura' entramos en internet a través de Google; pero los adolescentes, la 'generación de la videoconsolas', entran a través de YouTube. Luego sí, existen, existen otras culturas incluso dentro de internet.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Querido Rubén,
    has hecho un trabajo estupendo estos días. De verdad.

    A propósito de esta entrada me surge una duda: ¿a qué te refieres exactamente cuando hablas de "Del mismo modo que se extiende el certificado de tirada para los libros de papel y se controla cuántos ejemplares vende un autor de cada obra"?

    Quiero decir, ¿qué es eso, qué/cuántas editoriales hacen uso de algo así -y de manera transparente-, cuánta aplicación real tiene?

    Lo planteo porque, ¿por qué nos ponemos tan nerviosos al hablar de lo digital (y querer tenerlo controlado todo) cuando en la edición tradicional hay más de mil "trampas" utilizándose cada día que afectan a todos y cada uno de los agentes del sector?

    Hablamos. Pero de nuevo gracias por el esfuerzo de estas entradas.
    Un abrazo,
    P.

    ResponderEliminar
  4. Pues lo que yo entendí, Paul, es que esto de "controlar" la tirada electrónica se habló de manera hipotética, no recuerdo si a pregunta de alguien del público. Por tanto, no fue algo central durante la mesa.

    Eso sí, comentaron que no sería difícil de implementar ese control y que sería transparente para el autor (supongo que es que todos soñamos con vender 5 millones de 'e-books', no sé, y ya estamos preocupados con la economía en escala).

    En cualquier caso, parece ser que como el asunto digital está bastante en pañales, si mal no entendí y según dijo el representante de Carmen Balcells, por ahora el autor debe seguir fiándose de lo que le dice el editor...

    Hasta ahí te puedo contar.

    Un abrazo y gracias por la lectura.

    ResponderEliminar