Mostrando entradas con la etiqueta libro digital. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libro digital. Mostrar todas las entradas

9 de junio de 2009

El mercado digital

Continúo sacándole punta a mi libreta (analógica) de anotaciones sobre las jornadas Del sinodal al digital, celebradas en la Feria del Libro de Madrid 2009. Esta vez rescato dos intervenciones que se produjeron en días distintos, pero donde hubo un ida y vuelta de ideas. Sucedió entre Jesús Badenes, Director General de la División de Librerías de Planeta, y Javier Celaya, director de Dosdoce.com. El primero participó en la mesa El sector del libro y su posicionamiento ante el 'e-book' y el segundo lo hizo al día siguiente en Los lectores 'en digital'.

(Nota: Badenes es el segundo empezando por la izquierda y, en la foto de más abajo, Celaya es el segundo comenzando por la derecha.)

JESÚS BADENES, Planeta

La intervención del Director General de la División de Librerías de Planeta giró en torno a «la prudencia» con que las multinacionales del libro miran el panorama digital. Según Badenes, bienvenido sea libro electrónico; ahora bien: mientras no haya una seguridad en el retorno de la inversión, su grupo no se volcará en esta nueva faceta del negocio. Como argumentos, eximió dos fundamentalmente:
  • El negocio crece rápidamente, pero es muy pequeño todavía. En EEUU, el negocio digital representa un 0,6 por ciento de la industria total del libro y en Inglaterra el 0,1. (Tómese como referencia que en EEUU suele asumirse que una tecnología nueva se ha implantado cuando los ingresos derivados de esta alcanzan el 4 por ciento).
  • El fracaso de la alianza entre Hachette, Sony y FNAC. Ni siquiera la alianza entre una multinacional del libro, uno de los fabricantes punteros y uno de los mayores libreros ha conseguido instalar el libro digital en el mercado, pese a la puesta en escena tan entusiasta que hubo. Apenas vendieron dispositivos lectores (¿unos 6.000?).
Y, de manera más solapada, un tercero: los hábitos sociológicos. Si bien consideró que el libro electrónico no está en la misma situación que el audiolibro hace unos años —que fracasó estrepitosamente—, en su contestación pudo leerse entre líneas que la percepción de Planeta es que el aparato todavía no ha arraigado en la sociedad. Por un lado, el dispositivo es todavía caro y, por otro, la estadísticas de la Federación del Gremio de Editores de España muestran que esta es una sociedad muy poco lectora, donde apenas un 10,1 por ciento de las personas lee más de doce libros al año. O, como dijo más gráficamente Badenes: hay mucha gente que no entra en las librerías.

Por tanto, aunque aseguró que el libro digital ayudará a construir nuevos lectores (sean lectores sólo digitales, híbridos o que empiecen en el mundo digital y terminen en el papel), en el otro platillo de la balanza puso el mentado retorno de inversión... Moraleja: el gran capital todavía no tiene claro cómo lucrar a gran escala con internet; de ahí que prefiera mantenerse al acecho y ver qué sucede.

Asimismo insistió en que tendemos a identificar los libros electrónicos con la literatura. Craso error: la ficción constituye sólo «un subconjunto del total» y cada segmento del mercado se comporta de una manera distinta. A modo de ejemplo puso a la editorial Aranzadi, dedicada a los contenidos jurídicos, cuya facturación procede en un 70 por ciento del negocio digital. Y es que, subrayó, para según qué líneas editoriales, el soporte electrónico abarata los costes, resulta más funcional y por tanto triunfa.

Por último, hizo hincapié en que está genial que internet ayude a la distribución y difusión; pero que esas actividades deben realizarse en un «entorno que estimule la creación de contenidos», en una clara alusión a las hipotéticas vulneraciones de la propiedad intelectual en que ha incurrido Google (digo «hipotéticas» porque a lo largo de estas jornadas se han escuchado argumentos en las dos direcciones»).


JAVIER CELAYA, Dosdoce.com

Curiosamente, al día siguiente Javier Celaya criticó algunas de las ideas que lanzó Javier Badenes y señaló que el discurso de Planeta era «muy limitado, por no decir interesado». Según el director de Dosdoce.com, a las empresas españolas les encanta escudarse en lo mal que van las cosas en otros países y eludir así tomar la iniciativa. Arguyó que sólo miran por la rentabilidad y que no ven el gasto en prospectar el terreno digital como una inversión sobre los cambios que deberán implementar en el futuro, como si lo ve por ejemplo Penguin y su Penguin 2.0.

Asimismo, dio su versión sobre lo de Hachette, Sony y FNAC, y dijo que Badenes había olvidado explicar las razones de aquel fracaso. Al parecer, estas empresas fallaron porque comercializaron los libros electrónicos al precio de los libros de papel, algo que el consumidor percibe como un engaño: cualquiera intuye que el coste de publicar un libro digital debe ser menor que el de uno físico. Además, dijo, a los lectores hay que ofrecerles productos atractivos, esto es, novedades, no simplemente libros que están libres de derechos y que pueden conseguir en cualquier lado.

El ejemplo a seguir es el de Amazon, que ofrece las novedades a 9,99 dólares, unos dos tercios del precio de venta al público del libro en papel. Y añadió un detalle más: hace poco el gran librero virtual intentó subir los libros digitales a 12,99 dólares —sin ofrecer servicio alguno a cambio de esos 3 euros más— y los lectores se amotinaron. Por tanto, he ahí otro signo de que los tiempos están cambiando: el público de internet, además de ser sensible al precio y crítico con el material ofertado, sabe organizarse para reclamar por sus derechos cuando intentan colarle gato por liebre.

Por no alargarme demasiado, sintetizo los otros asuntos que abordó Celaya y que yo encontré de interés:
  • Existe una demanda de contenidos digitales que no se está satisfaciendo; se toma por marciano —o tecno adicción— algo que hacemos a diario: leer en pantalla.
  • En internet hay mucha morralla, de acuerdo; pero también hay mucho libro en tapa dura que no debería publicarse...
  • Nosotros —de los 30 para arriba— «somos la generación de los libros de tapa dura»; de ahí que Google sea nuestra puerta de entrada en internet. Sin embargo, para los adolescentes, cuya cultura está basada en la imagen y que lo prefieren todo resumido, su puerta de acceso es YouTube. Moraleja: los adolescentes leen de una manera distinta a la nuestra y habrá que enseñarles a cuestionarles la información que recaban a través de la red.
  • Las editoriales deberían aprender a dominar el lenguaje multimedia que hablan los internautas y explorar en qué aspectos de su modo de relacionarse con los clientes deben cambiar. Lo ideal es asumir la mezcla de los servicios que ofrece Amazon —el mayor librero virtual— con las innovaciones que ha introducido la editorial Penguin en su web. A saber: poder conversar con los autores, ofrecer vídeos, dejar comentarios y recomendaciones sobre los libros, dar la posibilidad de participar en el proceso creativo de algunos de los libros...
  • Google, siempre Google... Al parecer, cuando pasemos de la web 2.0 o web social a la web semántica, el negocio del gigante estadounidense consistirá en ofrecer su interminable catálogo de libros digitalizados y la posibilidad de traducírtelos en línea.
  • El modelo que frenará a la piratería será ofrecer servicios alrededor del contenido. Es decir: el valor del contenido tiende a cero y la manera de evitar que el lector se descargue copias gratuitas y exentas de derechos de autor consiste en ofrecerle un plus que no lo pueda encontrar de otro modo. Se puede piratear el contenido, pero no los servicios.
  • Si sólo 5 por ciento de los contenidos de la red están generados en español y vamos hacia la digitalización de la enseñanza, ¿qué tipo de contenidos tenemos para ofrecer a los profesores y escolares? ¿Qué grado de manejo de las nuevas tecnologías tienen los docentes?

PD: Más entradas relacionadadas con estas jornadas: clic aquí, aquí y aquí.

6 de junio de 2009

Edi.cat (o cómo sobrevivir en digital)

El jueves 5 de junio estuve de nuevo en la Feria del Libro de Madrid, que dentro del programa Del sinodal al digital ofrecía la mesa redonda El sector del libro y su posicionamiento ante el e-book. El acto lo moderó Guillermo Altares, el redactor jefe de Babelia, y contó con la participación de Toni Cantó, director de Edi.cat; Luis Francisco Rodríguez, director ejecutivo de Publidisa; Jesús Badenes, Director General de la División de Librerías de Planeta, e Ignacio Latasa, Director de Lee-e. Como la mesa del día anterior, respondió a las expectativas y el nivel, en líneas generales, estuvo bastante bien.

Desde un punto de vista personal, la presentación de Toni Cantó fue de las que más me gustaron. Entre tanto adepto al marketing cultural, tecnólogos militantes o vendedores de dispositivos electrónicos como hubo en estas jornadas sinodales, la suya fue la voz de un librero con 30 años de experiencia y que ahora trabaja como editor. Lejos de tecnoevangelizarnos o de quejarse sobre la (supuesta) exclusión del libro electrónico de la Feria que invocaron algunos participantes de la mesa del viernes, Cantó se centró en explicar qué problemas tuvo que enfrentar, cómo los solucionó y qué objetivos tiene para 2009. Y, como a mí me gusta la gente que va al grano, le voy a dedicar unas líneas (los demás deberán esperar turno).


SI GOLIAT APRIETA...

El problema de este editor de libros en catalán —mayoritariamente de literatura— es que la competencia con los libros en español resulta muy dura. Mientras que el mercado de los primeros se ha estancado, cada vez hay más demanda y producción de libros de los segundos; por lo que competir con ellos se complica, y mucho. Además, el mercado de libros en catalán es pequeño y, desde que surgió la nueva Grup 62, que reúne a 18 sellos editoriales y que concentra gran parte de la edición, el asunto se puso más que feo para quienes quedaron fuera de ese reparto del pastel: tener el aliento de los grandes grupos tras el cogote tiene estas cosas.

Ante este panorama tan desfavorable, tres pequeñas editoriales —Bromera, Angle y Cossetània— se unieron y formaron Edi.cat. Sus objetivos eran dos: aumentar la comercialización en papel y digitalizar el fondo editorial de las tres empresas. Asimismo, decidieron introducir algunos cambios para diferenciarse de las multinacionales e intentar que no los sacasen del mercado. Así, empezaron a trabajar con los libreros y a diseñar campañas a medida de estos (justo al revés que los grandes grupos, cuya táctica es la de presionarles y colocarles lo que a ellos les viene bien).

Entre las decisiones importantes que tomaron en Edi.cat, una vital fue decidir qué clase de DRM usaban para proteger los libros electrónicos. Las opciones eran tres:
  • Kindle (que pertenece a Amazon),
  • Mobypocket (que trabaja con Cybook, iLiad y Papire) y
  • ePub, que trabaja con Sony.
Lo espinoso del asunto estriba en que si eliges Kindle no puedes leer en dispositivos asociados con Mobypocket o con ePub... Es decir: no son intercambiables; si te compras un lector Kindle, te tienes que comprar los libros electrónicos en Amazon y no los puedes leer en un Cybook o en un Sony. Y viceversa (todas las viceversas posibles). En fin, que por ahora los fabricantes tienen más miedo a la piratería que a incomodar a sus clientes con esta clase de antediluvianas limitaciones.

El caso es que Cantó y sus socios se decidieron por el Mobypocket. ¿La razón? Consultaron con la empresa Leer-e y esta les dijo que es el dispositivo que más se ha vendido en España. (A día de hoy, el Kindle sólo se pude comprar en EEUU). Eso sí, a partir de Navidad también comercializarán libros electrónicos en formato ePub; así que uno entrará en el portal Edi.cat y, en función de su aparato lector, elegirá cuál de los dos quiere descargarse.


CARTONES, COMO EN EL VIDEOCLUB

En cuanto al asunto de costes, Cantó habló de algo importante: un libro digital no consiste en hacer un pdf o un fichero xml a partir de un documento perpetrado en un procesador de textos. La tecnología no es perfecta y en la conversión al formato Mobypocket se producen errores: el texto, digámoslo así, se descuajeringa (eso por no hablar del aspecto neutro que adquiere la tipografía). De ahí que se necesite un maquetador que ponga orden y concierto en el documento, también alguien que relea el texto (y añado yo: no vaya a ser que te pase lo mismo que a Leer-e con Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, cuyo capítulo de degustación estaba lleno de erratas). Por último, la empresa que aporta el DRM cobra un 10 por ciento por descarga realizada.

Es decir: los costes son menores que en una edición analógica; pero haberlos, haylos. Hacer las cosas bien cuesta dinero, como siempre.

A continuación explicó su política de precios, que contempla tres posibilidades:
  • Novedades a un 60 por ciento del precio de venta al público en papel.
  • 4,95 euros para aquellas novedades que llevan un par de años en el mercado y han perdido visibilidad.
  • 1 euro para los libros que están libres de derechos.
Diseñado, protegido y puesto el precio, queda vender el libro. Como corresponde a un archivo informático, el libro electrónico se coloca en la plataforma madre, Edi.cat, y en librerías virtuales, desde donde te lo puedes descargar pagando con la tarjeta de crédito. Lo genial del asunto es que también puedes comprarte un libro electrónico en una librería física. ¿Cómo?

Edi.cat lleva a la librería un cartón impreso a color con la portada del libro y donde, si no entendí mal, van los paratextos. De este modo, el cliente puede tocar el objeto, conocer algunas de sus propiedades y sopesar su compra. En caso de que se decida, el librero le da un código de descarga con el que te lo puedes bajar desde cualquier ordenador. Esto que parece una miajita burocrático está pensado para aquellos que prefieren no usar su tarjeta de crédito en internet.

Intuyo que, aunque no se dijo, pronto veremos ordenadores en las librerías donde consultar los libros electrónicos —el primer capítulo, algún vídeo con el autor, etcétera— y que uno mirará, si así lo estima oportuno, anaqueles en una pantalla del mismo modo que los mira caminando por un pasillo entre lineales. Y cada cual comprará lo que más le guste o cómodo le venga.


500 LIBROS EN CATÁLOGO PARA NAVIDAD

Es cierto que esto aún suena a fantaciencia; pero, según Cantó, ellos tuvieron una muy buena repercusión en cuanto salieron: el 2 de abril (más reciente no puede ser). Gracias a la cobertura de radios y tele, el servidor se colapsó los dos primeros días, donde alcanzaron las 1.500 visitas por día. Después la fiebre ha bajado y la asistencia de internautas se ha estabilizado en 300 visitas diarias, con 200 usuarios ya registrados. ¿El producto más vendido? Pues, cómo no, los libros de 1 euro, algo que Cantó atribuye a la curiosidad que despierta el fenómeno digital: quien más y quien menos quiere saber cómo es un libro electrónico.

En cualquier caso, los números parecen ser halagüeños; en otoño, Edi.cat habrá puesto 200 títulos a la venta en la red y en Navidad estiman que 500. Asimismo, se han propuesto como meta ser el portal que nuclee a otras editoriales que publiquen en catalán. Veremos qué tal les va; de momento, los cimientos están puestos y resisten... Al fin y al cabo, Cantó compartió mesa con uno de los tiburones que amenaza con devorarlos, Planeta, lo cual no es poca cosa.


PD: En estos días subiré algunas anotaciones que hice sobre las intervenciones de los otros componentes de la mesa.

2 de junio de 2009

Umberto Eco

I

Los enemigos de los libros son "principalmente los hombres, que los queman, los censuran, los encierran en bibliotecas inaccesibles y condenan a muerte a quienes los han escrito. Y no, como se cree, Internet u otras diabluras.

II

Internet enseña a los jóvenes a leer, y sirve para vender un montón de libros.

III

Si a su manera el (libro electrónico) resulta legible, se puede hojear fácilmente, es manejable, capaz de ser leído aunque no se tenga la batería totalmente cargada y, sobre todo, si ésta es duradera, se podrá hablar del e-book como una alternativa.

IV

Aún (no he usado ninguno), pero si, por cualquier trabajo, tuviera que transportar diez mil páginas de documentos, lo usaría con mucha satisfacción. Para leer una novela no lo sé. Para mí es importante mojarme el dedo para girar la página".

*

Estas declaraciones (textuales, aunque yo les haya quitado algunas comillas) las recogió la agencia EFE el 13 de mayo de 2009 y las publicó el diario La Stampa. A mi vez, yo las entresaco, copio y pego desde aquí, desde la web la información.com. (Bueno, también les tomo prestada la foto, qué va a ser).