Se ve que estoy en plena euforia de incorporar recursos blogueros a mis habilidades virtuales. El otro día empecé a usar el TinyUrl —que resulta muy útil para Twitter o Facebook— y hoy comencé con el Goear, que me ha parecido una revelación de dimensiones bíblicas. (Che, ténganme paciencia los frikis de la web 2.0 por descubrir la rueda; pero es que yo llego tarde a todas las revoluciones, sobre todo a las tecnológicas). En fin, que mientras descansaba de editar un artículo para el n.º 20 de Teína, trasteé un rato por esa discoteca ambulante que es el Goear y descubrí que contiene poemas, además de canciones. Así que decidí rescatar este que Roger Wolfe grabó para el disco La máquina del fin del mundo, del que es coautor con Diego Vasallo (uno de mis letristas favoritos).
PD: Algún día —¡hala, otra promesa a incumplir!— escribiré sobre mi amado Diego Vasallo... ¡Ah, mira, esta la canción de La vida te lleva por caminos raros!
Dime qué hay detrásHummm... Cómo diría el testicular Pérez Reverte: «Qué bien canta al desamor este grandísimo hijo de puta». Vaya, para lo que dan estas tardes de domingo. Voy a seguir editando Teína, que el próximo número tiene que salir este mes. Hala, mañana vuelvo a pasar por aquí.
de esas sonrisas tan tristes:
¿un motor que no funciona
o sólo corazones rotos?
Es mejor un cielo
acostumbrado a defraudar
que fábricas de anhelos
esparcidos por la lluvia.