Entrevista a Susan George en CNN+ from AttacTV on Vimeo.
Taller - Detrás de las palabras
Hace 6 horas
Entrevista a Susan George en CNN+ from AttacTV on Vimeo.
Le debía la reseña a mi buen amigo Cristian, quien allá por 2007 me regaló este libro de cuentos, Mockba, por mi cumpleaños. Por tanto, este comentario tiene algo de gratificación retrasada (a la gratificación literaria, me refiero; aquella noche cociné un pollo con ciruelas, si mal no recuerdo; por tanto, doy por satisfecha la parte gastronómica de aquel 16 de junio). Como en su día lo único que le dije fue algo así como «che, me gustó», hoy intentaré llevar el comentario algo más allá.—Mirá, Topo, los muertos no hacen nada. De los que tenés que tener miedo es de los vivos.En cada relato, Muzzio encara ese asunto desde una perspectiva distinta y varía los escenarios, las atmósferas o las técnicas narrativas (algo que dota al texto en su conjunto de una gran coherencia y riqueza). El hilván tanático, lejos de convertirse en un corsé o en una redundancia, le permite jugar con los registros y diseñar un artefacto donde cada texto aporta lo suyo a un engranaje superior. La estrategia funciona: el todo suma más que las partes por separado.
Morand despegó la espalda del sillón y se inclinó hacia adelante, como si fuera a confiarme un secreto. Ese simple movimiento me transportó hacia el pasado. Por un momento, un flash iluminó mi cabeza: vi un bar, vi a Morand más joven sentado a una mesa. La imagen desapareció y otra vez me encontré a oscuras, con la incómoda sensación de haber estado en la punta del trampolín que me impulsaría al descubrimiento.Parafraseando el título de este último cuento, puede decirse que lo de Muzzio es el póquer clásico: prosa serena, búsqueda del equilibrio y trabajo en pos de la nitidez de la escena. Lo suyo es contar una buena historia de la mejor manera posible. Algo que consigue de manera notable en la mayor parte de sus cuentos.
Además de vago, estoy cansado (es lo que tiene trabajar: te deja miope, calvo y cansado); así que reduciré mis obligaciones blogueras a extractar 6 subrayados de la novela que me traía entre manos hasta ayer mismo, Vil & Vil. La gata parida, de Juan Filloy. Allá por 2006 había leído Los Ochoa, de este mismo autor, y hace unas semanas me crucé con este título en la Feria del Libro Nuevo y de Ocasión (5 eurillos). No me ha entusiasmado, pero a mí Filloy me cae simpático. Quizá en alguna batida por la biblioteca de Puerta de Toledo cace Op Oloop y La potra, que les tengo ganas.
Amor de Artur (Impedimenta, 2010) es una de esas joyas que descubres de casualidad en la biblio y que terminas diciendo «Me la tendré que comprar». No es que el autor se vaya a hacer rico; pero, bueno, después de tanto dinero malgastado en compras insustanciales, ahora quieres asegurarte de que el 10% de tus 18 € financian el café con leche de un autor al que respetas. También el futuro de una editorial capaz de poner sobre la mesa una obra distinta.
El caso es que Méndez Ferrín nació en Orense en 1938 y publica libros desde 1958, es decir, que tiempo y oportunidades habíamos tenido para descubrirlo. Pero, bueno, se ve que Galicia está lejos de Madrid. También que las ideas políticas del autor o la querencia por su idioma, el gallego, tampoco han ayudado mucho. De todos modos, tiene miga que los lectores hayamos tenido empacho desde hace años del Obaba de Bernardo Atxaga o de la Mágina de Muñoz Molina, y sin embargo muchos no tengamos ni pajolera idea de Tagen Ata, el espacio mítico donde se mueve este autor telúrico donde los haya. A ver si algún día las alcantarillas del mundo literario hablan y nos enteramos de por qué.A propósito [de Pondal] habla Ferrín de un rasgo, el distanciamiento vaticinante, que bien cabe aplicar a su propia obra. En el tono de su escritura reverberan los ecos y las texturas de un oráculo que el pulso del escritor refuerza a través de la reiteración ritual, la aliteración de timbre lírico, la sintaxis narrativa en espiral o la hipérbole expresiva como desprendimiento épico, sin que tales cualidades sofoquen el tacto de un habla popular que salta desde su condición de lengua oprimida hasta las alturas de una literatura gozosa, feraz y plena.Como soy incapaz de competir con semejante diagnóstico, lo único que puedo hacer es suministrar un par de fragmentos donde se aprecian algunos de esos detalles. Por ejemplo, aquí va una muestra de contenida retórica preciosista, como corresponde a un voz que habla como si fuera un oráculo antiguo, como ese Shakespeare solemne que nos hace ponernos en pie e ir a comulgar con la cabeza gacha porque hay días en que la literatura es una cosa muy seria y hay que vestirse de domingo (al principio de la entrevista en RNE hay otro pasaje):
Rey Artur, Galván y Keu se miran en silencio. Están horrorizados por lo que ven desde la colina. Una y otra vez vuelven a fijar la mirada en Francastel. ¿Qué había sido de aquella torre homenaje, grácil como un copero arábigo, que era fama que el pueblo de los elfos negros había construido para Merlín, mago de Bretaña, en una sola noche? ¿Dónde aquellas casas espaciosas, de piedra de mármol azulado, en las que la vida retirada y secreta de Merlín transcurría y que tenían puertas ocultas que se abrían a distintos mundos? ¿Y las cercas coronadas de adarve de madera oscura y techo de pizarra fina? En su lugar, un montón informe de cascotes era todo lo que quedaba del famoso y franco castillo de Francastel.Por suerte, Méndez Ferrín también tiene un toque terrenal, que nos permite soñar con el infierno cada tanto:
La tercera noche del banquete, Kodraf visitó los establos del palacio de Enmek Tofen y, armado con un cuchillo, fue cortando los cojones a los caballos de la gente de Dindadigoe. Los hermosos y peludos caballos montañeses de Nosa Terra relincharon de horror y huyeron en la oscuridad dejando regueros escarlata. Finalmente, murieron todos, desangrados, por los bosques de Tagen Ata.Hubiera querido añadir asimismo un fragmento de «Extinción de los contactos», pero ayer devolví el libro a la biblioteca y me olvidé de transcribirlo. Quería mostrar con ese subrayado el fraseo corto y sincopado que emplea ahí y, por tanto, su capacidad para variar de registro y temática. Y es que Méndez Ferrín lo mismo te construye un rítmico relato con ecos beat que te clava un párrafo único de 50 páginas con tres planos de lectura diferentes, como en «Fría Hortensia». Retranca literaria, desde luego, no le falta.

Pero el problema con casi todos los actores (y actrices) es que son tontos. Y en muchos casos, cuanto más tontos, más talento tienen. Sir John Gielgud, uno de los hombres más amables que hay sobre la tierra, posee una técnica incomparable y una voz excepcional; pero, ah, el cerebro se le agota en la voz. Marlon Brando. No hay actor de mi generación que posea mayor talento natural; pero no ha tenido rival a la hora de elevar la falsedad intelectual a un nivel de presuntuosidad rayano en el ridículo. Bueno, sí ha tenido un rival: Bob Dylan, un músico (?) refinado y falsario que se las da de revolucionario ingenuo (?) cuando no es más que un cantante country sentimentaloide.PD 02: Entrevista de Truman Capote a Marlon Brando en Kyoto (1957): The more sensitive you are, the more certain you are to be brutalised.
No estoy de acuerdo con separar esferas: literatura por un lado, política por el otro. Toda escritura está penetrada de política, lo que pasa es que hay que leerla así. No leer lo político como una esfera totalmente separada y superpuesta, de modo que habría literatura política según la referencia a violencias o cosas del pasado. No lo veo así. La escritura es una práctica política: no hago esas divisiones, no voy a decir acá esta lo político, acá lo literario. Creo van juntos.
Las ideas tienen consecuencias. La vida de la gente, el estado de la sociedad y el del planeta dependen en gran medida de los vientos que soplan, dicho de otro modo de la ideología dominante. Es como el agua para el pez que no sabe que se baña en ella. Condiciona la política, las leyes, la situación material y moral de cada cual. Gramsci lo comprendió. El pensador que desarrolló el concepto de «hegemonía cultural» habría visto sus observaciones confirmadas por la hegemonía neoliberal actual, cuya primacía sofocante en el mundo apenas empieza a disiparse.